El Hospital
Martes, 26 de abril de 2005 | Por: Sandra | Categoria: Journal du Foyer des Yeux | Artículo anterior: | Artículo Siguiente:
Tendidos en la cama, leves, apenas kilos de muchacha rubia. Mujer casi sin rastros ya de los cabellos que se esparcen en la almohada, sin rastros de la piel mustia que se difumina lentamente.Mujer sin rostro, ahora, en los espejos inexistentes.
Al fin eran el tiempo y ella, sólo ellos, amantes infelices.
Los miembros de su cuerpo resultaban demasiado pesados para mantenerlos fuera del reposo.
La mirada triste que no se detenía en ningunos ojos, en ningún gesto, en nadie, en nada.
Sólo esperaba, esperaba, esperaba... Sólo eso. La larga espera.
No había ningún objeto cálido en la habitación, sólo la cama, la mujer, una mesa de noche y una silla.
Y en la cama de al lado, su compañera de habitación tendida allí en las mismas condiciones o, peores aún, que las de ella. Cristina, la muchacha morena que la cuidaba día y noche -bella y esbelta como un junco - era el único exponente de salud al qué aferrarse en este cuarto.
Ajena, pergamino en la cara sin semblante, los ojos vacíos, secos ya. Había llovido un océano en los surcos de la arena desgarrada de sus pupilas.
Tendida y transparente, los apagados ojos que se evaden. Testigo de lo insufrible, su mirada desciende por el frágil cuerpo hacia los impulsos de las gotas densas y amarronadas que llegan al conducto adosado a sus fosas nasales. Sigue descendiendo con la mirada hacia su brazo, hacia su abdomen despedazado, perforado, observando tubos y conductos. Los conductos que la conducirán, supuestamente, a la vida.
Ya no quiere mirar. Gira la cabeza hacia atrás con dificultad, con avidez, hasta que llega a alcanzar con la mirada el frasco de agua de colonia erguido firmemente sobre la mesa de noche. Al menos durante un segundo, la boca se distiende casi en tenue sonrisa, los ojos se
entrecierran intentando captar el aroma que la nariz no puede: el aroma a perfume de este mundo.
Por un momento, el planeta cobra vida. Fuente repentina de ánimo en aquel desierto solar. Los rayos de sol y el brillo de la luna son percibidos, pocas veces, gracias a la filtración indiscreta del hueco efímero que se cuela por el alto ventanal.
Pero el tiempo no es demasiado benévolo. La realidad tampoco. Sabe que debe dirigir su mirada hacia arriba. Esa es toda la tarea que deben ejercer ahora los ojos: controlar el goteo del suero que cae por la guía que llega al brazo izquierdo. Una gota, dos gotas, tres y así hasta el infinito durante toda la noche.
No perder el control, esa es la única realidad.
Si aquel líquido acuoso dejara de gotear hay que avisar urgente a la enfermera. O si goteara más lento de lo esperado. También controlar el goteo paralelo de la línea que conduce los antibióticos. Su vida pendiente por completo, en aquel momento, de un goteo infame.
Parpadeo tras parpadeo continuo. Se cansa y cierra los ojos. Cuencas secas.
Párpados inamovibles.
La miel se transforma en hielo arrebatado.
Pequeña mujer de otro universo, qué fea suena esta música. Las alegres notas que le bailaron la última noche, con las piernas ágiles y abiertas, se pierden ahora ya para siempre entre las paredes del frío hospital. El adiós a un mundo que ha dejado de ser para siempre. Como si todo hubiera sido premonitorio: la despedida.
Lo que resta de vida se divide en dos: el antes y el después, si es que lo hay.
De eso no hay dudas. Tan silenciosa y tan esquiva hasta en la última pesadilla, vuela su sombra. Mira el gesto aburrido, el abatimiento por todo. Ya nada será como antes. Nunca. Ahora debe renacer a esta nueva vida que la realidad le impone. Una realidad más doméstica, más serena, más cuidadosa, sin danzas estrafalarias en el tiempo.
Entonces, ahora sí, de pie, regresa a buscar la sonrisa, pues se sabe próxima a todo dolor físico, y se encuentra tras los cristales del ventanal de la cama 37. Sus ojos observan la escena lentamente, pero esta vez, del lado de afuera.
El trozo de sol que se filtra, su compañera de habitación en la cama que había sido suya con la misma mueca de dolor en el rostro. Con el dolor en el cuerpo entero. El calor en la calle es abrasador y ni siquiera permite la existencia del viento que mueve las hojas de los árboles. Como si la muerte estuviera a punto de avasallar la vida, devorándola. Del mismo modo, el verano sofocante avasalla la atmósfera.
Apenas la divisa, Cristina que se ha mudado ahora a la que fuera su cama, la número 37, sale de la habitación al pasillo y se besan, se
abrazan, hablan, se sonríen.
Ingresan a la habitación con la certeza de que, aquella mujer tendida en el lecho de reposo, llorará con ambas. Le pide a Cristina que la acompañe a la balanza, que la ayude a pesarse. La mujer desde su lecho apenas si alcanza a abrir los ojos y las lágrimas se deslizan por su mejilla.
La observa desde lejos un segundo, pero, la realidad de la balanza y Cristina ayudándola a pesarse la traen de regreso a este nuevo mundo.
Apenas kilos de mujer rubia sonriendo. Enterrando para siempre a la
mujer de las danzas inconclusas en las huidas del tiempo macabro.
Apenas kilos de mujer rubia sonriendo. Triste, amarga, dulce, asustada, serena.
Renace. Vuela su sombra.
27-02-2001
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Comentarios Mágicos
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Hola Sandra, he leido tu Post, muy triste pero a la vez con la esperanza viva. Me alegro de que ya estés bien.
Lo del árbol es una historia real sucedió, pero lo que no he sabido expresar en mi Post, es que yo me agarré a la esperanza , aquel día me dio por pensar que si el árbol moria lo haría yo, más tarde no me aferre al hecho de que el árbol ya estaba muerto sino a que el habia muerto para que yo viviese, que los dos no cabiamos en tan pocos metros. Y ahora si brotase de nuevo le sacaría otro partido, optimista, no te quepan dudas. Siempre optimista...
Es un relato de una realidad algo poetizada como casi todo lo que escribo, no tengo mucha imaginación, no creas, sólo que me gusta embellecer las cosas feas y casi siempre hago un poema de todo.
Un beso muy grande amiga y gracias por todo. Y sabes tú y yo sabemos que podemos con lo que nos echen... Pero que nos dejen tranquilas, no queremos demostrarlo más...Comentario de Trini hace 3 años y 41 meses
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Sandra, Si lo que has contado es parte de tu vida....A Dios gracias porque estas aquí, Un beso de alegría por compartirte...
Comentario de PaquiLou hace 3 años y 39 meses
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"...dulce, serena. Renace"
Me quedo con esas palabras finales de VIDA.
Un abrazo, SandraComentario de almena hace 3 años y 39 meses
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Sandra, te mando un abrazo grande..
Comentario de libertad hace 3 años y 39 meses
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Creo en los perfumes, en los aromas, en el lindo olor a agua de colonia. ¿Sabías que los perfumes de las flores no tienen ninguna utilidad para ellas, no les sirve para atraer insectos ni tiene niguna otra utilidad práctica? Leí que es algo que se brinda desinteresadamente, y que debe ocultar algún secreto interesante.
Creo en los perfumes, mucho más que en los hospitales y en la medicina.
Saludos!
Comentario de reuben hace 3 años y 39 meses
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Uf...
Una historia tremenda, te deja revuelto revuelto... muy expresiva, realmente me ha hecho sentir en un hospital... y odio los hospitales.
Ey, pero la historia no, eh? Que me ha gustado mucho ;)
Cuidate mucho Sandrita
Comentario de Dragoncete hace 3 años y 39 meses
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Impresionante...
Comentario de Teddy hace 3 años y 39 meses
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Siempre hay alguien al final que sale volando y deja estela agridulce de sombras... con lo hermoso que sería salir volando a pares........
Un beso.Comentario de Sergi hace 3 años y 39 meses
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Triste, amarga, dulce, asustada, serena, pero con una sombra voladora! Espiero que todo esté bien contigo
besos y animoComentario de André hace 3 años y 39 meses
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Has sido añadido a mi agregador de blogs
Comentario de AAlfaro hace 3 años y 39 meses
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Demasiado dolor, pero un final a salvo. Eso es lo único que importa...
Un abrazo. Muralla.
PD Hace días te envié un correo. No sé si lo recibiste.Comentario de muralla hace 3 años y 39 meses
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Contar el dolor no alivia, pero es tal la belleza y precisión con que has resumido la percepción de eternidad del sufrimiento, que nos hace albergar la ilusión de que haya siempre una luz de esperanza que atenúe sus miserias. Gracias.
Comentario de Omar Muharib hace 3 años y 39 meses











